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miércoles, 12 de junio de 2024

Una llave

 Una llave.   Por Vivi García. 


No recuerdo en qué lugar compré esta llave. Fue durante  un paseo por algún pueblo de la provincia de Buenos Aires. Era domingo y estaba soleado. Mide veinte centímetros. La colgué al lado de la puerta de mi departamento. Hoy decidí cambiarla de sitio, pero aún deambulo con ella por mi casa. Dónde la ubico?

   Son significativas las llaves, abren y cierran puertas para bien o para ¿mal? Vaya uno a saber!

Recuerdo un texto de Galeano, o ¿Benedetti?, que refiere a las llaves que en tiempo de Dictadura sus amigos le daban para que durmiera en casas diferentes y así proteger su vida de la barbarie.

   Recordé también  la fecha aproximada en la que recibí la llave de mi casa, en mis catorce años tal vez.

   Hoy las llaves devenidas a tarjetas magnéticas cada vez pesan menos.

   Me acordé un piropo que me dijo un chico hace décadas, "yo tengo la llave de tu corazón". Me pareció cursi por entonces. Hoy casi no se escuchan piropos.

   En fin, veré donde la pongo. Me sigue pareciendo tan bonita como cuando me la regalé.

   Abrir, cerrar, abrir, cerrar, abrir, volar! Sabe a canción. A baile. Sabe a poesía.



lunes, 19 de marzo de 2018

La pausa necesaria por Vivi García

La pausa necesaria por Vivi García
Todos los jueves, Clarita y Mario se juntaban a leer poesía y a tejer. Él había aprendido rápido. La mesa era un lío de libros, papeles, lanas y agujas. A la rueda de las palabras se sumaban el té, los colores de los ovillos y los secretos. Éstos últimos eran reservados para el cierre del encuentro, cuando ya habían paseado por la mesa varias teteras y el tejido había crecido como el coraje necesario para soltar aquello guardado bajo siete llaves.
Y en ese preciso momento, cuando lo escondido en un rincón del alma salía a la luz, la taza quedaba apoyada en el plato, las cucharas dejaban de cantar sobre la porcelana y la aguja hacía la pausa necesaria para que salieran las palabras hasta entonces calladas. En ese instante, se abrían el corazón y los oídos y los ojos de quien escuchaba. Después venía el alivio, un gran alivio que impregnaba toda la casa.
La amistad, como cada jueves, volvía a celebrarse con un rico té, unos poemas y un manojito de palabras.