sábado, 29 de julio de 2017

Ella y Johann Sebastian por Vivi García


   Ella y Johann Sebastian por Vivi García

Mientras revisaba el FB, justo al lado de la computadora, entre el mouse (todavía lo uso, ja!) y unos libros que aguardan ser leídos, se ubicó Roberta, mi gata, mezcla de bosque en estado salvaje y criatura angelical. La observé y admiré su belleza una vez más; su serenidad, su cuerpo ágil hecho una bolita. Ella conoce mis silencios, y estoy segura que le gusta Bach. Los violines impregnaron el ambiente, y eso fue todo: una postal de una mañana de sábado. El milagro de lo cotidiano.

jueves, 27 de julio de 2017

Y la infancia, ¿dónde está? por Vivi García

   De chica solía quedarme a dormir, con mi mamá, en la casa de mi abuela. En su habitación ella tenía encendida una vela dendro de un vasito de vidrio, una Virgencita de Luján con una pequeña lamparita y un reloj despertador a cuerda. Todo sobre su mesa de luz de madera y mármol. Sin duda era una habitación especial para mi, con ese clima casi místico. Pero lo que realmente me cautivaba era el tic tac del reloj despertador a cuerda. Hasta que el sueño llegaba yo lo escuchaba atentamente. Sabía a música de grillo, a canto de río, era una especie de mantra rítmico y armonizador.
   Muchos años pasaron desde que comencé la búsqueda de un reloj a cuerda que cantara igual al de mi abuela siciliana del barrio de Mataderos. Pero ya las pilas lo habían invadido todo.
   Hasta que un día, en una vidriera de una antigua relojería descubrí un despertador a cuerda color celeste.
   Ya no están la abuela ni mamá, pero un pedazo de infancia se hace presente cada noche en mi cuarto de mi pequeño departamento de Floresta gracias al reloj.
Un tic tac cantarín llena el espacio de luz, esa luz que proviene, sin duda, de la velita y de la Virgen de Luján de mi abuela Anunciatta.




domingo, 23 de julio de 2017

Un viaje gracias a la Palabra

   Seguramente a los colegas narradores les sucede algo similar, un fiesta sucede en el cuerpo mientras contamos. Algo parecido a espiar por la ventana la vida de los personajes de los cuentos para poder hablar de ellos. Un "me fui pero estoy". Cosa tan linda como extraña. Esa sensación no se va así nomás, ¡no!, dura,  y eso es hermoso. Uno se queda por un rato, después de la contada,  con un aleteo de mariposas en el pecho, con una energía diferente en las piernas (como si se cambiara el andar terrestre por el vuelo), una bella excitación en todo el cuerpo sin duda producto de ese trance que es contar una historia. Personalmente creo que la causa es el viaje que generan las palabras mientras brotan como flores de la boca y el alma del narrador oral.
   Elisa Vázquez y yo llevamos adelante el ciclo HISTORIAS ROBADAS, desde el 2005 aproximadamente. En la actualidad, en La Forja, en Flores, cada cuarto sábado del mes. Y ambas sentimos lo mismo en cada "contata", un entusiasmo parecido al que sentíamos de jovencitas antes de ir a un baile, o a una fiesta. Elegimos los cuentos, la ropa, las lecturas previas, y llegamos al lugar de la cita con la emoción del comienzo. ¡Eso es fabuloso! No perder ese movimiento interior que nos hace dudar, temer, disfrutar, poner la voz y el cuerpo para soltar la historia desde lo más profundo del Ser.
   La mirada y el silencio de los escuchadores merecen un comentario aparte. Sin ese convivio no habría fiesta, ni baile, ni encuentro... Gracias por hacerlo posible.
 

domingo, 22 de mayo de 2016

LÉAME MÁS de Vivi García

Con Juan José Decuzzi y Elisa Vázquez. Se presento el 21 de mayo a las 18:00 en el teatro de Flores.
Una hermosa tarde!!!

lunes, 25 de abril de 2016

Cuando los cuentos despliegan sus alas...

   Historia Robadas... se presenta el cuarto sábado en La Forja (Bacacay 2414, Flores). Es una propuesta de narración oral con algunas particularidades: una mesa de café, relatos ensamblados, comentarios, y dos charlistas que re descubren las historias como si las escucharan por primera vez. Se crea un clima íntimo perfumado de emociones diversas. El humor, la ironía, la sencillez laten en cada cita. Y lo mejor: la gente que nos acompaña. Por suerte, siempre hay un buen fotógrafo, como, José Arruabarrena u Osvaldo Clarens que nos toma varias fotos que documentan la magia del Encuentro. Los esperamos el 28 de mayo.

lunes, 21 de marzo de 2016

"El predicador de Floresta" por Vivi García

   Durante algún tiempo, los domingos por la tarde exactamente a las cinco, llegaba el predicador. Se ubicaba a la salida de la estación Floresta del ferrocarril Sarmiento, en Venancio Flores y Bahía Blanca. Desde la escalinata comenzaba a anunciar las Buenas Nuevas: “¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor”, de esta manera, con esta cita bíblica, solía saludar a los que pasaban, a los que se detenían a escucharlo, a los que se burlaban de él. El predicador seguía entregando su mensaje como un ramillete de flores: “Ánimo, hija, por tu fe has sido sanada…”, y narraba maravillosamente la historia de la mujer de las hemorragias imparables que se curó al tocar la capa de Jesús.
   Era un hombre moreno, de baja estatura, pero su voz era la de un gigante. “Otra vez llegó el loco”, decían algunos vecinos, pero vaya a saber por qué razón se quedaban a escucharlo.
   “…Luego tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, dio gracias a Dios y los partió , los dio a los discípulos y ellos los repartieron entre la gente. Todos comieron hasta quedar satisfechos…”. Y el milagro de los panes y los peces inundaba las calles y se metía por las ventanas abiertas de los que no se animaban a salir. Sus citas bíblicas se transformaban en relatos que contenían milagros, promesas, buenos deseos.
   Escuchado o aparentemente ignorado al encuentro dominguero cada vez iba más gente, algunos dejaban pasar un tren y otro para oírlo contar. Algunos vecinos sacaban bancos a la esquina y de a poco ese ingreso y salida de la estación se fue convirtiendo en un auditorio.
   Nunca se supo qué encontraban los oyentes en el mensaje del predicador. Qué descubrían en esas palabras que se escapaban de ese Libro de tapas negras gastadas y de hojas delgadas con bordes dorados.
   Un domingo de primavera el predicador estaba como iluminado, de su boca brotaban mensajes encendidos, el silencio acompañaba el momento, sólo su voz en el aire y la caricia de la llegada de dos trenes que en direcciones opuestas se detuvieron juntos en el momento exacto en el que el predicador decía: “Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontrarán; llamen a la puerta, y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama a la puerta, se le abre”. Desde ambos andenes los pasajeros comenzaron a descender y a rodear al predicador y entre todos los rostros, entre todas las siluetas, se escuchó una voz que pidió: “dígalo todo de nuevo por favor”. Y el decidor de las palabras en llamas  repitió : “Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontrarán; llamen a la puerta, y se les  abrirá…”.
   De a poco, lentamente, los pasajeros siguieron sus destinos, algunos hacia la avenida Rivadavia; otros, hacia la calle Avellaneda; los vecinos guardaron sus sillas, y los burladores callaron.
   Ese fue el último domingo que Floresta contó con su presencia. Nadie conocía al predicador. Nadie le había preguntado su nombre. Quizá, ya lo había dicho todo y debía visitar otros lugares, tal vez regrese algún día y vuelva a hablar de milagros, promesas, abundancias…
   En una de las pocas paredes que quedaban blanqueadas, sin escrituras futboleras, alguien escribió: “Volvé predicador, y contanos de nuevo lo de aquel día que comieron todos…”.

   Nadie  ha tachado el mensaje en años, no hubo lluvia capaz de borrarlo, y no hay habitante de Floresta que no conozca la historia del predicador, ése, que entregaba la Palabra como un ramo de flores.