miércoles, 20 de marzo de 2019

"La Victoria de Roberto" por Vivi García



Roberto era mi tío preferido. Pelado, gordito, sensible, hablador, con dos océanos por ojos. En el pecho tenía muchos rulitos que sobresalían de la camisa. ¡Qué gracia me hacía ese bosque oscuro! Muy de a poco, mi tío fue cambiando: bajó de peso, apareció con una peluquita lacia, se esfumaron los pelos de su pecho, la ropa tomó color y se ciñó al cuerpo... No recuerdo en qué momento mi tío Roberto pasó a ser tía Victoria. Supongo que no fue fácil para el abuelo; para mamá, ¡tan estructurada!; para los otros tíos. A algunos el cambio no les gustó nada, a otros, los invadió un repentino desconcierto. La metamorfosis fue lenta, pero despacito despacito todos fuimos reconociendo a la tía Victoria como si hubiese estado en nuestras vidas desde siempre. Tal vez porque el género era lo de menos, o porque el amor que nos tenemos superó todas las diferencias. De él, digo, de ella, aprendí que la libertad no se pide, se toma; me di cuenta de que tenemos que ser sinceros y fieles al norte que nos indica el corazón; y precozmente supe que estamos de paso, digo, por un ratito, entonces, ¿por qué no bailar la música que nos gusta más? La Victoria fue de Roberto. Eso fue todo. Eso es.

jueves, 14 de marzo de 2019

"Mixturas" por Vivi García

   Había una vez una hormiga muy trabajadora, pero, además de trabajar, soñaba. Soñaba con caminar a orillas de ríos lejanos, trepar árboles muy altos de esos que llegan hasta las nubes, y con saborear flores exóticas.
   Un día, mientras cargaba una hoja de menta se encontró con una cigarra cantora y guitarrera. La hormiga le dijo: "qué bueno haberte conocido, con tu música alegrás mi trabajo".
   Se hicieron amigas, y cuando la cigarra supo de los sueños de la hormiga le sugirió que los cumpliera, porque la vida pasa y ya tendría tiempo de completar sus tareas para cuando llegara el frío.
   Después de las palabras de la cigarra la hormiga se transformó en una incansable viajera.
   Desde entonces la cigarra la espera cantando para que a su regreso la hormiga le cuente de los árboles que acarician las nubes, de los ríos que andan y del sabor de las flores frescas y coloridas.

"Otro cielo" por Vivi García

   Todas las tardes, Alicia, una vecina del barrio de Flores, al finalizar su jornada de trabajo narraba los sucesos de su día poniéndole brillo a cada situación. Su novela era perfecta. Tan creativa era Alicia que cada vez más gente la esperaba en la puerta de su casa de la calle José Martí para escucharla. 
   Contaba y se contaba la vida a gusto. Y así, cada desplante se transformaba en una conquista; cada desencanto en puro hechizo; cada pedacito de soledad en abundante compañía.
   Todas las tardes, Alicia, contaba.

lunes, 25 de febrero de 2019

"Todos mis jueves", por Vivi García



   Hace cuarenta años que bailo tango, y quince que voy a la milonga “La Pausa”. Elegí ese salón por dos razones: porque queda cerca de mi casa y por los rumores, que pronto confirmé, de buen nivel de baile.
   Reservo una mesita para tres todos los jueves y junto a dos amigas milongueras disfrutamos la fiesta del dos por cuatro. Bailo mucho y bien, digamos… bailo con dignidad.
   A la izquierda de nuestra mesa está la de un grupo de hombres que nosotras llamamos “los notables” por su prestigio como excelentes bailarines. Miran mucho, cabecean poco.
   Entre ellos, muy reconocido en las milongas de Buenos Aires, está don Alfredo, "¡una eminencia!", dicen muchos al referirse a él, “no se vio bailarín mejor”, aseguran. Todos le dicen “el Profe”. Hombre de cabellos de plata, alto, delgado, elegante, siempre impecable y muy observador… En su juventud, cuentan casi como una leyenda urbana, ¡dibujaba en la pista! Hoy, baila un par de tandas sólo con dos mujeres tocadas con la varita mágica.
   Como una niña ilusionada hace más de una década que espero su mirada, yo busco cada jueves la de él pero no me ve, o peor aún, no me mira.
   Quizá porque “el Profe” está cerca de los noventa, tal vez por mi edad avanzada, o porque estamos de paso en esta vida y sabemos que “el baile” se acaba… por todas esas razones, cuando lo vi salir de La Pausa, celebrado por media milonga, saludado aparatosamente, dejando una estela de luz a su paso,  tomé coraje y lo seguí. En la puerta esperé que pasara al anonimato que da la vereda, y le dije:
-   -   Alfredo, ¿cuándo vamos a bailar? Estamos grandecitos y si no nos apuramos la Parca te va a llevar a vos o a mí y me voy a quedar con la asignatura pendiente de una tanda juntos.
A pesar de su asombro me respondió enseguida:
-      - No te vi piba, ¿dónde te sentás? Bailo poco, ¿viste? ¿Cómo te llamás?
Cuando le dije Aída hizo una broma con respecto a la ópera de Verdi como para abordar la situación, y antes de irse prometió:
-      - El jueves próximo, ¡Pugliese!
   Un jueves más en La Pausa. No cualquier jueves. Cuando llegué el Profe ya estaba en la mesa de los “próceres del tango”, como los rotuló Laurita.
   Noche de suerte,  bailé mucho y lindo.
   Cuando comenzó la tanda del Maestro, sonó “La Mariposa”, yo miré al Profe. Él ya estaba acariciando mi mirada.



"Ausencias", por Vivi García

Hoy, como todas las mañanas a las siete en punto salí a pasear a mi perro. No me crucé con el barrendero que me saluda amablemente, tampoco con los jóvenes que bajan a las corridas del tren para ir a los talleres de ropa (¿talleres clandestinos?), no estaba en la estación la vendedora de tortillas, no sonó la alarma de la barrera, ningún niño con delantal blanco caminaba hacia su escuela... Nada de lo habitual. Nadie. De regreso a casa, Pepe ya no estaba dentro de su polar azul. Su collar verde al caer hizo sonar la medalla en la vereda. Subí corriendo, busqué el espejo del mi habitación, pero aún no tengo el coraje de asomarme en él. 

(Este relato tiene unos años, Pepe ya no está físicamente conmigo, pero sí en mi corazón).

lunes, 18 de febrero de 2019

Para Ricardito , Roberta y Renato (mis gotas de tigre)


Me gusta verlos dormir.
Amo esa calma
que envuelve el espacio
cuando ellos descansan.
Amo ese silencio gatuno.
Esa manera de relajar sus cuerpos.
Amo ese don felino.

Los amo.