domingo, 31 de octubre de 2021

"Ricardito" por Vivi García

 "Ricardito" V.G

¿Niño gato  o gato niño eterno?

 Gato cantor que anuncia las mañañas

 como una calandria feliz en pleno vuelo.

Bello, dulce, suave, hablador, poeta... ¡gato!




lunes, 25 de octubre de 2021

"Secreto" por Vivi García

 Las flores recibieron la mañana desplegando sus pétalos a modo de saludo, reverencia, agradecimiento... ¿Declaración de amor?

Tal vez...


 


Cómplices

 "Cómplices" Vivi García.

Sonaba una antigua canción.
El té bailaba en la taza.
Esperé a que terminara su disfrute,
y lo bebí.


AROMAS por Vivi García

 Fotorrelato.

Siempre amé los Paraísos. En la vereda de la casa de mi abuela siciliana había uno. Desde entonces atesoro el aroma de sus flores.
Siempre me detengo ante ellos cuando los descubro en primavera ofreciendo su perfume. El viento colabora y siguiendo la ruta de la memoria olfativa los encuentro bellos, altos, generosos. Y otra vez, vuelvo a la casa de la abuela donde una niña parecida a mi me espera, sentada en la vereda sobre una silla de madera y paja con una flor de paraíso en su pequeña mano.



martes, 17 de agosto de 2021

“Renato” por Vivi García

  Ciclo EL CUENTO DE LOS BUENOS DÍAS.

“Renato” por Vivi García
Éramos adolescentes. Me enamoraé de él en tercer año del comercial. Sobresalía en clase. Hablaba como si tuviera un río en la boca y en sus aguas cálidas fluyeran las palabras. Los profesores lo apreciaban, sus compañeros lo querían de verdad. Pero lo que yo sentía era otra cosa. No sólo admiraba sus “decires”, sino que además deseaba su boca. Esperaba el abrazo contenedor al despedirnos cada tarde en la plaza del barrio. Con sus apenas dieciséis era ecuánime, discreto, tierno. Tal vez por eso ni los más revoltosos del curso podían dejar de tenerlo en cuenta a la hora de armar un picadito, una salida, una tarea escolar. Yo proyectaba junto a él mi juventud y adultez. Los sueños envolvían mi corazón y todo junto a Renato me resultaba posible.
Cuando egresamos, en la misma plaza de las despedidas, me tomó de las manos y mirándome fijamente me dijo: “¿Sabés cuánto te quiero?”. Yo sólo sonreí y esperé, intuitivamente esperé, sabía que esa pregunta contenía una respuesta ambigua. “Te quiero mucho mucho, pero más lo amo a Él”- me respondió.
Hoy Renato es el párroco de la iglesia a la que concurro cada domingo. Sus palabras siguen navegando en aguas cálidas y yo lo sigo admirando como cuando en el aula lo escuchaba dar lección de historia.
El domingo pasado predicó sobre un pasaje de la Primera carta de San Pablo a los Corintios, capítulo trece. El tema era el amor. El AMOR. El amor. Tal vez el único tema del que valga la pena reflexionar. Sin duda, el gran tema de la humanidad.
Cuando nos despedimos, y casi como una broma de la secundaria me dijo: “¿sabés cuánto te quiero?, entre risas cómplices le respondí "mucho". Y al oído, como en cada despedida le susurré: “pero más lo amás a Él”. Y me retiré celebrando aquel mediodía.
Decía San Pablo: “Tres cosas hay que son permanentes: la fe, la esperanza y el amor, pero la más importante de las tres es el amor”. *
Supe a mis dieciocho que no podía competir. Supe que amar a Renato en silencio era todo un Camino que valía la pena recorrer.
*1 Corintios 13, 1-13.


jueves, 24 de junio de 2021

"El milagro de su voz" por Vivi García

 

“El milagro de su voz”

(Homenaje a Carlos Gardel)

*Lo que está en “negrita” debe cantarse.

 


            Como cada veinticuatro de junio fui a verlo a Carlitos a la Chacarita. ¡Qué se yo! Estar ahí, tocar el bronce... “El bronce que sonríe”. Me hace sentir bien... ¡me hace sentir que estoy cerca de él, de su esencia!

            Yo ya te conté lo del año pasado, ¡fue tan fuerte el encuentro ! Llegué al cementerio de mañana y me puse a mirar el monumento como redescubriéndolo: su sonrisa intacta, su porte..., debí cerrar mis ojos con fuerza para no llorar. Serán los años, la nostalgia... No sé.

            Pero este año fue diferente - prestá atención. Llegué al cementerio con la convicción de que ochenta años no son nada. Estaban por cerrar. Yo entré sin tomar en cuenta el reloj. Dejé, como siempre, el ramito de violetas en la puerta de la bóveda y me dirigí hacia el bronce.

            - Vos no entendés..., te reís porque no sentís lo mismo que yo. A mí me corre el tango por las venas y tengo un fuelle en el pecho, que se acelera cuando escucho la voz del Zorzal.

            No jodás, che, necesito contarle a alguien lo que me pasó en “La Chacarita”.

            Lo tomé del brazo, del brazo de bronce, y como un loco empecé a cantar..”Mi Buenos Aires Querido...” Estábamos juntos, codo a codo, paladeando la ciudad, ¡nuestra ciudad!, y sintiendo las veredas en los pies...”Tomo y obligo mándese un trago...” Borrachos, ¿entendés? Borrachos de música y de tiempo, y digo borrachos porque me parecía que los dos sentíamos lo mismo...

            - No pongas esa cara! ¡Hoy necesito una oreja y tenés que escucharme! No preguntes cómo sucedió, lo cierto es que yo seguía cantando. De pronto me detuve para secar un lagrimón que se me había piantado hacía rato, y en ese momento me dí cuenta que era de noche. Ya habían cerrado el cementerio.

            - Te das cuenta... Yo voy a  la Chacarita todos los veinticuatro  de junio desde el cuarenta y dos, tenía diecinueve años la primera vez que me arrimé con el ramito de

violetas; ¡y hoy con setenta  y dos pirulos tengo el privilegio de pasar la noche junto a Carlitos, sonriendo y cantando para mí!

            - Y...¿qué me contás? Querés que siga, ¿no? ¡ Qué noche! Por suerte había estrellas. La luna -no se la iba a perder- estaba sobre la cruz de la capilla.

            Creo que eran las dos cuando acomodé mis huesos a los pies de Carlitos y me dejé llevar por la emoción...

Silencio en la noche ya todo está en calma...” ¡Comenzó a cantar mientras daba sus primeros pasos  para abandonar el bronce! ¡Caminaba! Yo me avivé y de un salto me incorporé. Me sonrió, como quien corre un telón, y nos fuimos bailando, caminando o volando -daba lo mismo- hasta un banco, esos  de cemento y granito, como los que hay en las plazas.

            ¡Carlitos! ¡Pucha, no tener testigos de este milagro!

            Fumamos, bailamos, reímos, cantamos...

            Los tangos brotaban como el rocío. Yo no sentía frío, ni hambre, ni sed. Cantamos...,cantamos al compás de un bandoneón imaginario embriagado de noche y de pasión:

 

                                               “...Barrio, barrio,

                                               que tenés el alma inquieta

                                               de un gorrión sentimental

                                               pena, ruego,

                                               es todo el barrio malevo

                                               melodía de arrabal.

                                               Viejo barrio

                                               perdoná si al evocarte

                                               se me pianta un lagrimón

                                               que al rodar en tu empedrado

                                               es un beso prolongado

                                               que te da mi corazón...”

 

............. Llegó la mañana , y con ella uno de los cuidadores del cementerio. Me sacudió y me puso en órbita. Me observó con cara de no entender, pero no preguntó nada, por suerte.

            Me arreglé las pilchas, acomodé las ideas y sonreí. El piso, alrededor del banco, estaba alfombrado con puchos y Carlitos, desde el bronce, lucía el ramo de violetas en el ojal...

            Sonreí nuevamente y me fuí silbando “Volver...”

            - No me mires así, ¡fue un milagro! No lo soñé. No te rías, che, vos no entendés porque no sentís lo mismo que yo. A mí me corre el tango por las venas, y tengo un fuelle en el pecho, que se acelera cuando escucho la voz del Zorzal... ¡No jodás, che, no jodás!

                                                                                   Vivi García

            (Las letras de tango que están en “negrita” pertenecen a Mario Battistella y Alfredo Le  Pera)

·        Publicado en “El grillo cuenta, vol. IV”

·        Narrado en la Biblioteca Nacional por Bendita Berlín

·        Leido por Miguel Angel Solá y Blanca Oteiza en el programa de radio “Cartas que vienen y van”

·        Leido y musicalizado por Ricardo Horvath en el programa “Café, bar, billares”, (Radio de la Ciudad).

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miércoles, 9 de junio de 2021

Sal y Luz

 Sal y Luz (recuerdo de mi adolescencia).

En la meditación de hoy hice referencia a la enseñananza de Jesús en San Mateo 5 versículos del 13 al 16 donde se refiere a la importancia de ser Sal y Luz en el mundo. ¡Tan claro es el Maestro! que de inmediato pensé en la importancia que tiene ese pedido, nada menos que ser sal y luz para darle sabor a la vida y luz a nuestro entorno, y de inmediato recordé a mi tía Chola.
Cuando andaba por los catorce mi hermano mayor, Ricardo, fue desaparecido. Mi familia quedó devastada. Mi casa estaba llena de tristeza, dolor e incertidumbre. Y en medio de ese clima, llegaba la tía Chola con un bizcochuelo marmolado y por un ratito era luz y sal con su presencia y hermoso gesto. Ella tiene noventa y seis, y tal vez no se dio cuenta en aquel momento lo que eso significó. Sin duda fue Sal y Luz en días de tinieblas.
Gracias querida tía.