jueves, 4 de junio de 2020

"De regreso II" por Vivi García

Nadie lo sabe con certeza, estimo que pronto será un mito urbano, pero cuando los zapatos vuelven de la milonga, toman un té, leen las historias de los fantasmas de Buenos Aires y luego se guardan para descansar de tantos giros, ochos y boleos.
Regresan de la noche cansados y felices. Durante varias horas han acariciado el piso.

domingo, 31 de mayo de 2020

"Fuera de control" (fotorrelato) por Vivi García.

"Fuera de control" (fotorrelato) por Vivi García.
En el estante de los libros de cuentos para adultos estaban las guardianas de la biblioteca. Luisa vivía en una casona de la calle Bogotá, en el barrio de Floresta. A través de las ventanas podía observarse la sala, con un piano, un sillón amplio, una lámpara y centenares de libros. Por tal motivo las tres guardianas se ubicaron allí, precisamente en el tercer estante. Desde sus puestos controlaban que ningún personaje, acento o letra mayúscula escapara de alguna página.
A pesar del esmero y dedicación, un día llegó Ignacio, el nieto menor de Luisa y se llevó, con el consentimiento de su abuela, "Crónicas del Ángel Gris"*, "El amor en los tiempos del cólera"**y "Errante en la sombra"***. Ellas estaban fugiosas a pesar de que Luisa les explicó que a un nieto lector no se le podía de ninguna manera negar material de lectura.
Desde ese día un ángel gris merodea la casa, Florentino Ariza come las flores en los jardines del barrio como en la novela de Gabo, y un cantor de tango impregna las noches de Floresta con su música.
En el estante tercero, las guardianas aguardan el regreso de los libros con la única razón de que cada personaje prófugo retome el sagrado camino hacia la biblioteca de la casona de la calle Bogotá.
*de Alejandro Dolina.
** de Gabriel García Márquez.
*** de Federico Andahazi.
vivitecuenta@gmail.com

jueves, 28 de mayo de 2020

"Jacinto y sus clases en el vivero" por Vivi García

   Jacinto, el dueño del vivero "El paseo de las magnolias", me dijo al entregarme una planta que no quiso cobrarme: "le regalaría un jacarandá, pero para su balcón, no es... llévese una lavanda, que es casi lo mismo, son parientes en realidad". No quise contradecirlo porque empieza con explicaciones interminables. 
   Pasados dos o tres día volví y le pregunté acerca del parentesco entre el jacarandá y la lavanda. Hablador como ninguno me dio una clase de botánica aclarándome que la planta que me obsequió pertenece  al género Lavandula integrado por plantas de la familia de las lamiáceas que contiene unas sesenta especies, bla, bla, bla... En este punto dejé de escucharlo y media hora después pude repreguntar: "Jacinto, porque me dijo que el jacarandá y la lavanda son parientes?", hubo unos diez minutos de silencio y luego respondió: "porque ambas especies vegetales tienen flores de idéntico color". Me lo dijo con tal contundencia que en ningún momento dudé de su sabiduría.
   A partir de ese momento, y especialmente en primavera cuando mi planta estalla en flores lilas, a cada uno que  se asoma a mi pequeño balcón y comienza a piropear a mi planta, le cuento la historia del parentesco vegetal entre un bello árbol con canción propia y una planta cuyas flores huelen de maravillas.

miércoles, 27 de mayo de 2020

"Asignatura pendiente" por Vivi García




Asignatura pendiente” por Vivi García

  Llegué a la primera clase de tango con una sensación de... asignatura pendiente, una deuda que tenía conmigo desde hacía rato. Un par de zapatos rojos con taco que había encontrado en mi placard era el único pasaporte al mundo del tango que tenía por entonces. Las explicaciones de los profesores, las caminatas con el torso erguido, los pies acariciando el piso, el cambio de peso, el buscado equilibrio, el abrazo… ¡era mucho de golpe!, salí dudando: ¿podré?

  ¡Volví!. Claro que con los zapatos y la ropa adecuada. ¡Y fueron muchas las clases! En cada encuentro pude celebrar un logro: una figura nueva, un adorno diferente, un dejarme llevar por un hombre que cambiaba cada tres o cuatro minutos. Y fui sintiendo en el cuerpo que era necesario fusionarse con el compañero para poder fluir con nuestra música. Aprendí a esperar la marca, que cuando es precisa, es un verdadero deleite.
Aprendí también a confiar y a disfrutar.
   Después de dos años de clases y prácticas comencé  a ir a las milongas. Descubrir el código que guardan estos salones porteños fue como descifrar un mensaje secreto: el cabeceo, no pararse antes de tiempo (más de una vez la invitación a bailar no fue para mí), la mirada puntual y ligera de las mujeres, los imprescindibles abanicos, las pastillas de menta…
   Hoy, cuando entro a una milonga siento que ingreso a una película. De esas que cuentan historias felices, donde el baile no cesa, ni la música, ni la magia. Y ese es el punto, el misterio que guarda esta danza, que cuando se la prueba, como a un dulce, no se la puede abandonar. Y qué suerte que sea así. ¡Qué suerte! Que aunque sea lunes o miércoles podamos ponernos lindos para ir a bailar, y llegar a los salones, en los que siempre es de noche, y podamos abrazarnos para comenzar a volar sin despegarnos del piso. Y eso, señoras y señores, sólo se logra bailando tango.    

"Amorosa porcela" (microrrelato) por Vivi García

Heredé estas tres piezas de un juego de té que supo ser regalo de bodas de mi vecina Tita.
Me dijo "las querés", ya las tenía entre mis manos antes que el "sí" sin hacerse esperar saliera de mi boca.

sábado, 23 de mayo de 2020

"Clase modelo 2019" por Vivi García.

    Jueves. Clase de Prácticas del lenguaje. Tema: producción literaria. 
   La maestra de cuarto grado llevó al aula una pequeña escultura de una pareja conversando. La apoyó en su escritorio y dijo: "chicos, quiero que me cuenten sobre qué están conversando estos jóvenes". Los nenes se miraron asombrados por la propuesta, volvieron a observar el objeto, ¡y comenzaron a crear! Laurita dijo que el señor le estaba proponiendo que fueran novios y que a ella la idea no le gustaba mucho pero que lo pensaría. Marcos aseguró que la señora lo estaba invitando a una fiesta de disfraces a la cual ella iría vestida de dinosaurio. Juana afirmó que discutían por una importante suma de dinero que el hombre de las calzas verdes le debía a la dama de zapatos rosados.  La maestra celebró la imaginación de sus alumnos con una sonrisa cómplice. Pero el relato de Juan Ignacio sorprendió a todos cuando dio su versión: "seño Caro, queridos compas, en esta escena la mujer le está advirtiendo al hombre sobre la llegada de una peste por la cual todos tendrán que quedarse en la casa, no podrán ir a la escuela, ni jugar en las plazas, tampoco podrán salir a trabajar y mucho menos a tomar helados  hasta que el  "Monstruo Coronus", ese es el nombre científico,  siga de largo y se ahogue en el río".
   La clase entera lo aplaudió de pie. Y la seño Caro, orgullosa y feliz hasta las lágrimas, exclamó: "Juan Ignacio, qué imaginación tenés!".

miércoles, 20 de mayo de 2020

"Saquitos de amor" por Vivi García.

   Dorita invitó a tomar el té a Juanita y a Pepa. Era una confitería clásica en el barrio de Caballito (¿o Primera Junta?).
   Doris llegó primera, como siempre, y agasajó a sus compañeras de la vida y del alma con un ramo de jazmines.
   Charlaron durante tres horas (vuela el tiempo cuando se envuelve en verdadero amor). Cuando la tercera tetera abandonó la mesa dijeron las tres al unísono "uy, ¡qué tarde!".
   Se pusieron sus abrigos, tomaron sus carteras y se dieron besos y abrazos hasta que llegaron a la vereda desde donde tomaron sus rumbos con pasos serenos.
   Cuando el mozo se acercó a limpiar la mesa tuvo la extraña sensación que aún estaban allí.