Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de junio de 2025

Aquaman 15/06/25

Aquaman

Cuando yo tenía diez años estaba perdidamente enamorado del guardavida de la pileta. Lo observaba caminar, nadar, tomar sol...A veces él se subía al trampolín y después de dar tres saltos en esa tabla  móvil se tiraba y caía hasta el fondo de la pileta, y cuando salía parecía un actor de cine sacudiéndose el agua que le había quedado en el pelo... Recuerdo especialmente el día que jugando en la pileta perdí los aparatos, sí, los aparatos de ortodoncia. Mamá me los había recomendado especialmente porque habían salido carísimos. Ella siempre me pedía atención con ellos porque había tenido que conseguir un segundo trabajo para pagarle al ortodoncista. 

 Yo tenía una cajita donde los guardaba y me la colgaba del cuello. Pero, si bien mamá me había advertido  que no los llevara al club,  me  olvidé y me metí a la pileta con ellos. Al salir me di cuenta que los había perdido y ahí recurrí a mi héroe, a mí Aquaman... Le conté todo lo sucedido con lágrimas en los ojos,  realmente ya era una actriz a los diez años. Me pareció conmovido. Me dijo que no me preocupara que si al nadar no los encontraba haría vaciar la pileta sólo para evitar que mi mamá me retara. 

De inmediato se sacó la remera se tiró al buceó, rastreó todo el fondo de la pileta Y salió con los aparatos en sus manos. Yo lo aplaudí y lo aplaudieron todos! porque por el altavoz del club ya habían avisado que si alguien encontraba mis aparatos de ortodoncia en el agua por favor los devolviesen.


Bueno, en realidad todo esto es cierto hasta la escena que le pido ayuda llorando contándole lo sucedido... Nunca se tiró para buscarlos, ni hizo  vaciar la pileta. Simplemente simuló interesarse.


 Precozmente supe que los héroes sólo existen en el cine, y que los príncipes azules, tarde o temprano, destiñen!


Texto basado en un relato de Patricia Esponda.

domingo, 2 de enero de 2022

La espera, por Vivi García

 Veinticuatro de diciembre. Estoy en la plaza de mi infancia aguardando para ser hisopada. A pesar de haber llegado media hora antes del horario de apertura, en la cola tengo cincuenta personas delante. 

Naturalmente brota la oración "ojalá dé negativo y que los positivos la pasen pronto y bien". Imposible no invocar a lo Supremo cuando la Naturaleza está tan cerca: el gorjeo de las aves, la danza de las hojas, los diferentes tonos de verdes, dos cotorras que se disputan un fruto... 

En esta plaza jugué, soñé, me divertí, casi una segunda casa en tiempos en que el juego en la calle era cotidiano. 

Buen ejercicio para la paciencia la espera. 

Las esperas... todo un tema como para reflexionar, ¿no?

Pero aquí me detengo. Comienzan a atender a las 8.00 y faltan 3 minutos.

Plaza Santojjanni.




miércoles, 17 de marzo de 2021

"Mi lugar" por Vivi García.

  Desde muy chiquita quise tener mi escritorio, una mesa de estudio, pero en casa éramos siete, por lo tanto el cuarto era compartido con dos de mis hermanas. Tanto insistí que mamá me ofreció un lugar de la casa: un pequeño baño que nunca supe por qué no se usaba. Lo acepté. No hace falta que aclare cuál era el asiento. La vieja y amada máquina de coser de mi madre, con la tapa cerrada, fue mi escritorio. Yo estaba contenta. Por fin tenía mi lugar para hacer la tarea de la escuela, leer el Anteojito, las historietas de la pequeña Lulú, Mujercitas...

La vida me brindó durante treinta y tres años muchos escritorios en diferentes escuelas de la ciudad. Y todos rodeados de chicos y de libros.
Hoy, ya jubilada, vuelvo a buscar un rincón en mi departamento para ubicar una mesa de lectura.

Contacto: vivitecuenta@gmail.com



domingo, 21 de enero de 2018

"Algo es algo" por Vivi García

Actualmente suelo usar para contar un par de zapatos rojos como los que se usan para bailar flamenco. Siempre los miraba en una zapatería de Flores, pero como eran un poco caros, postergué su compra en varias oportunidades. Cuando por fin los adquirí decidí lucirlos en la fiesta de los cuentos. Estuve muy feliz con mi compra, no por el valor material ni por la fascinación que me causaban, sino por una deuda pendiente de la infancia.
Cuando era chica yo quería aprender baile español, pero como pasa en las familias numerosas, ,,, no hubo dinero para comprarme los zapatos. entonces mamá me convenció, y me anotó en un club del barrio para que tomara clases de ... judo. No era lo mismo, claro está, pero algo era algo para una niña tan activa como yo. Como era la quinta hija de la familia, mamá y papá hacían milagros con el dinero para cubrir las necesidades prioritarias, y como tampoco podían comprarme el traje adecuado para judo, mamá, tan habilidosa sobre su antigua Singer, me lo hizo ella con una tela blanca,resistente, que me permitiría hacer la práctica sin problemas. Confieso que en la primera clase temí que se descosiera mi kimono casero en la primera toma brusca. ¡Pero resistió! Mamá, una vez más, tuvo razón cuando me dijo: "Tranquila Vivita, el traje no se va a romper". Y así fue, tomé clases de judo durante mu cho tiempo, y hoy uso mis zapatos rojos para contar cuentos, que es una manera de bailar la vida.