lunes, 5 de agosto de 2019

"Curiosidad libresca" por Vivi García

   Un hombre joven estaba sentado en un asiento del colectivo de esos que miran hacia atrás del vehículo. Yo lo observaba desde la última butaca y hubiese deseado tener la osadía de acercarme a él y fotografiarlo. Era bello verlo reír mientras leía un libro de tapas anaranjadas. De a ratos lo apartaba de su rostro para soltar la carcajada, y yo podía observar su disfrute libre, desinhibido, cantarín.
   Mi curiosidad fue por más, mi cuello se estiró todo lo que puedo, mi mirada esquivó cuerpos, abrigos y mochilas, hasta descubrir la causa de la alegría del pasajero lector. 
   ¡Cómo no iba a reírse de esa forma! Entre sus manos tenía uno de los libros de la colección del Negro Fontanarrosa.
   Ya lo decía Borges, leer es "una forma de felicidad".




martes, 23 de julio de 2019

"Milagro en flor", por Vivi García

   Con este árbol, llamado Sakura, me encontré en el barrio de Mataderos hace apenas veinte minutos.
   Nos miramos frente a flor. Y supe, sin demoras, que él no se había enterado que era invierno. 
Yo, tampoco.
Qué bueno es vivir en primavera!





"RICARDITO", obra plástica de Abola, intervenida en rosa por Lou Hucha.


miércoles, 19 de junio de 2019

"Visita", por Vivi García

Esta mañana, exactamente a las 6.39, bajó hasta mi balcón la luna.
Estaba espléndida, blanquísima, con una aureola multicolor que la embellecía aún más. La llamé con el mismo sonido que llamo a mis gatos, y se acercó. Se apoyó contra el protector, yo saqué mis dedos entre las delgadas rejas y se acomodó sobre ellos como si fuera un ovillo de lana.
Mienten los que dicen que es fría, que tiene pozos, que es irregular. Les aseguro que la luna es... perfecta.
Testigos, mis tres felinos y yo de este sublime momento, apenas transcurridos treinta segundos la solté, o tal vez ella se separó de mí. No sé quién decidió primero. Pero en instantes, como si el Creador la llamara, ascendió tan velozmente como llegó a mi casa.
Despertar y vivenciar un milagro semejante no es cosa de todos los días.
Quizá deba andar más atenta...
Hoy, justo a las 6.39, la luna me besó las manos.


   

martes, 21 de mayo de 2019

"A sus pies", por Vivi García


Los zapatos brillaron como espejos.
En la pista fueron soles, luminarias, ¡pura luz!

Y al dibujar un ocho milonguero
brotaron chispas sobre el piso del salón.

Al llegar el final irreverente
de la fiesta del tango soñador,
se guardó el calzado cual tesoro
para lucirse en la próxima función.

"Promesa", por Vivi García



T    de titubeo
A    de alas
N   de nido
G   de giro
O    de osadía

   El titubeo de Clarita fue inevitable cuando la cabeceó el señor de saco azul. “¿Será a mí?”, pensó ella mientras abandonaba la silla lentamente. Lo vio seguro en su avance. Y cuando Roberto y Clarita se abrazaron ambos sintieron en el pecho el calor tibio y envolvente de un nido.
   Disfrutaron con cuerpo y alma de la orquesta de Canaro,  un “Poema” les puso alas en los pies y en cada giro fueron luciérnagas, alondras, mariposas nocturnas...
   Una vez más la osadía del abrazo anónimo los había dejado plenos.
   Doce minutos después hubo un “gracias”  al unísono, un regreso a la mesa, y una promesa: volver a la pista juntos.

jueves, 18 de abril de 2019

"Santas madres" por Vivi García

  “Llegaste a mí con tu risa cantarina / tu amor me hizo fuerte y me dio fe,
                                           
             todas las noches oscuras de mi vida /   brillaron a la luz de tu querer…”                                                                                                                     
              Luis Caruso (1958). “Bomboncito”.
                                                                                                         
       Melancólico Atrás era un tipo gris. Como apagadito.
   Un día su mamá le dio un gran consejo: “anda a bailar tango hijito, ¡andá a bailar!”. Y Melancólico la escuchó y dejó de estar opaco todo el día, porque alrededor de la siete de la tarde se despabilaba, se empilchaba lindo y se iba a una conocida milonga del barrio de Flores. Apenas llegaba, hecho un bombón, sus ojos y otros ojos de pestañas estiradas se encontraban. Después venía el turno del imprescindible cabeceo y unos segundos más tarde, el milagro del abrazo.
   A la medianoche, cuando las luces del salón comenzaban a apagarse, y una huída de tacones dejaba a la pista de baile sin caricias, Melancólico Atrás regresaba a su casa por la calle La Fuente rumbo a la avenida Directorio desparramando la luz y el brillo que fueron suyos por unas horas.
   Hasta que un domingo ¡con orquesta en vivo y todo! desde su mesa Melancólico relojeó a una mujer que era un manojo de coquetería, un derroche de simpatía. Él pudo percibir su perfume y su voz. Sin duda era nueva. Melancólico Atrás se tomó su tiempo como todo bailarín avezado, y la cabeceó.
   Durante los doce minutos que duró la tanda de Di Sarli los cuerpos amalgamados disfrutaron especialmente de “Bahía Blanca” como si lo bailaran por primera vez. Se fueron descubriendo tango a tango, tanda a tanda, orquesta a orquesta. Hubo miradas, gestos, silencios y una propuesta sutil.
   Al retirarse Alegría Acanomás dejó sobre la mesa de Melancólico una invitación a la milonga “El arcoiris del fuelle” que ella  organizaba en el barrio de Boedo.
   Por esas cosas del destino y de los sentires, hoy, Melancólico Atrás y Alegría Acanomás llevan adelante el rincón milonguero más concurrido de Buenos Aires.
   Antes de la medianoche en “el arcoiris del fuelle” Melancólico y Alegría bailan la última tanda. Nadie entiende por qué en ese momento la pista se enciende.
   A él, el gris se le perdió en la pista de la vida casi sin darse cuenta, y es lógico… con  la música, el baile, la poesía y ese arcoíris que surge cada vez que respira un bandoneón ya no queda lugar para nubarrones.
   Y todo gracias al consejo de una madre: “¡Andá a bailar tango hijito, andá a bailar!