jueves, 21 de noviembre de 2024

José, el que renunció al tango.


    "José, el que renunció al tango". Por Vivi García

Mi vecino José tiene alrededor de noventa y cinco años. Enviudó hace poco tiempo y cuando paseo a mi perro suelo cruzarlo en la planta baja y nos saludamos cordialmente mientras acaricia a Pepe, mi hermano de cuatro patas.
Pero la semana pasada fue diferente. Yo salía sola rumbo a una milonga de Devoto con los zapatos de tango dentro de una bolsa negra, y justo José estaba en su ventana que da a la calle. Cuando me vio pasar me dijo: "¿te vas a bailar?, ¡qué suerte que tenés!". Yo me detuve para conversar, él desde su comedor, yo en la vereda, y en ese preciso momento me contó que él había sido un gran bailarín, pero cuando se casó, como su esposa no bailaba tango, ni le interesó aprender, él, nunca más bailó. ¿Nunca más volviste a bailar tango?, sin proponérmelo salió la pregunta y con un tono tristón tan marcado que sentí que había estado desubicada. José, de inmediato me explicó que cuando uno se casaba se abandonaban ciertos hábitos aunque doliese renunciar, era una actitud respetuosa hacia quien compartiría la vida. Nos despedimos. Creo que quedo en la vereda un manojo de preguntas sin respuestas. Ya había caminado varias cuadras y aún sentía el dolor del "nunca más bailó". Hice un esfuerzo para darme cuenta porque me pesaba tanto esa expresión. Y recordé que en una oportunidad abandoné el tango por no discutir con mi pareja de entonces... Me ví escondiendo los zapatos, mintiendo para ir un ratiro a bailar a alguna práctica de tango... De ahí provenía el dolor: de mi propia experiencia... De cuando confundí amor con renuncia, de cuando intentaba parecerme a la mujer que otro necesitaba tener a su lado y despersonalizarme, de cuando dejé de ser auténtica conmigo.
Hoy, mis zapatos de tango me acompañan a todos lados por si quiero entrar a bailar un rato a algún salón.
Ayer, fui al departamento de José con los zapatos puestos, me miró y me invitó a pasar. Obvio que lo saqué a bailar. Puse "Bahía Blanca" de Carlos Di Sarli en el celular y bailamos una tanda completa. Cuando desarmamos el abrazo ambos teníamos los ojos húmedos.



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